Perú protege 71 cultivares en la Bóveda Global de Semillas

Perú protege 71 cultivares en la Bóveda Global de Semillas

19 Oct 2026
Redacción RS
Redacción RS
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El INIA envió a Noruega semillas de quinua, kiwicha, ají y tomate para preservar su diversidad genética. La iniciativa busca proteger el patrimonio agrícola peruano y disponer de recursos para desarrollar cultivos resistentes al cambio climático.

El Perú dio un nuevo paso para proteger su biodiversidad agrícola al depositar 71 cultivares nacionales en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en Noruega, en el círculo polar ártico. El envío, realizado por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), busca conservar recursos genéticos esenciales para la alimentación y la agricultura de las futuras generaciones.

La entrega constituye la primera realizada por el instituto durante 2026 y comprende variedades de cultivos que forman parte de la riqueza agrícola del país. Las semillas seleccionadas destacan por su valor alimentario y genético, así como por su potencial para contribuir al mejoramiento de la producción frente a plagas, enfermedades y condiciones climáticas adversas.

La iniciativa es impulsada por el INIA, organismo adscrito al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), en el marco de un acuerdo con el Ministerio de Agricultura y Alimentación del Reino de Noruega. Con este esfuerzo, el Perú busca fortalecer la conservación de sus cultivos y asegurar que su diversidad genética permanezca disponible para la investigación científica.

¿Qué semillas peruanas fueron enviadas a Noruega?

El depósito está compuesto por 20 cultivares de quinua, 46 de kiwicha, cuatro de ají y uno de tomate. En conjunto, las 71 variedades representan recursos genéticos que pueden ser utilizados en investigaciones destinadas a mejorar la adaptación y el rendimiento de los cultivos.

Las semillas proceden de los bancos de germoplasma del INIA ubicados en Puno, Cajamarca y Huaral. Estas instalaciones cumplen una función estratégica porque permiten conservar material genético vegetal que puede ser estudiado y utilizado en programas de investigación y mejoramiento agrícola.

La selección de los cultivares considera características que podrían resultar valiosas para enfrentar los desafíos de la agricultura moderna, entre ellas la tolerancia a plagas y enfermedades y la adaptación a condiciones ambientales desfavorables.

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El nuevo envío también amplía la presencia de los recursos agrícolas peruanos en el depósito internacional. En 2025, el INIA había enviado 25 cultivares de ajíes nativos, pertenecientes a cuatro especies, para preservar una parte de la diversidad genética de este ingrediente fundamental de la gastronomía nacional.

¿Por qué la quinua y la kiwicha son importantes para el Perú?

La quinua y la kiwicha son cultivos andinos reconocidos por su valor nutricional y su capacidad de desarrollarse en condiciones ambientales diversas. Su conservación resulta relevante para mantener la diversidad de variedades que los agricultores han seleccionado y cultivado durante generaciones.

La quinua destaca por su contenido de proteínas y por aportar aminoácidos esenciales, mientras que la kiwicha también ofrece proteínas, minerales y otros nutrientes. Ambos cultivos forman parte del patrimonio alimentario peruano y tienen potencial para contribuir a la diversificación de la alimentación.

Preservar sus recursos genéticos permite mantener características que podrían resultar útiles ante cambios en las condiciones de cultivo. Por ejemplo, determinadas variedades pueden presentar una mejor adaptación a la sequía, las temperaturas extremas o ciertas enfermedades. Estas cualidades deben evaluarse mediante investigaciones específicas antes de incorporarlas a programas de mejoramiento.

En el caso de los ajíes nativos, su diversidad genética también tiene importancia agrícola, gastronómica y cultural. Sus diferencias en tamaño, color, sabor y picor reflejan una amplia variedad de recursos que conviene proteger para evitar la pérdida de características valiosas.

La conservación del tomate completa el envío de 2026 y amplía la representación de cultivos peruanos en esta reserva internacional.

¿Cómo funciona la Bóveda Global de Semillas de Svalbard?

Conocida popularmente como el Arca del Fin del Mundo, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard es una instalación destinada a conservar duplicados de semillas procedentes de bancos de germoplasma de diferentes países.

Está situada en el archipiélago noruego de Svalbard, dentro del círculo polar ártico, y fue construida en el interior de una montaña. Sus cámaras se encuentran a más de 130 metros de profundidad y cuentan con condiciones de almacenamiento diseñadas para mantener las semillas durante largos periodos.

Su principal función es actuar como una reserva de seguridad de la diversidad agrícola mundial. Si una colección nacional resultara dañada o se perdiera debido a conflictos, desastres naturales, fallas técnicas u otras amenazas, los duplicados almacenados podrían contribuir a recuperar el material genético original, de acuerdo con las condiciones de custodia correspondientes.

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La bóveda no reemplaza a los bancos nacionales de semillas ni funciona como un almacén comercial. Su propósito es complementar los esfuerzos de conservación de cada país y ofrecer una protección adicional a recursos vegetales importantes para la alimentación mundial.

INIA busca fortalecer la seguridad alimentaria frente al cambio climático

La preparación de las semillas peruanas estuvo a cargo de la Dirección de Recursos Genéticos y Biotecnología del INIA, responsable de seleccionar y acondicionar el material destinado a su conservación.

El presidente ejecutivo del instituto, Christian Barrantes Bravo, destacó la importancia de esta iniciativa para proteger los recursos agrícolas del país. “Estamos contribuyendo a garantizar la seguridad alimentaria de las futuras generaciones”, señaló, según informó la agencia Andina.

La conservación adquiere especial relevancia frente al cambio climático, que puede modificar los patrones de lluvia, aumentar las temperaturas y favorecer la aparición o expansión de plagas y enfermedades. En ese escenario, contar con una amplia diversidad genética permite a los investigadores identificar características útiles para desarrollar cultivos mejor adaptados a nuevas condiciones.

El desafío consiste en complementar el depósito internacional con el trabajo permanente de los bancos de germoplasma nacionales, la investigación científica y la conservación de variedades en los propios territorios donde se cultivan.

Con el envío de 71 cultivares, el Perú refuerza la protección de su patrimonio agrícola y contribuye a una estrategia internacional orientada a preservar la diversidad de los alimentos. Mantener estos recursos disponibles será fundamental para impulsar nuevas investigaciones, fortalecer la resiliencia de la agricultura y proteger las opciones alimentarias de las próximas generaciones.

El envío de 71 cultivares refuerza la protección del patrimonio agrícola peruano y abre nuevas oportunidades para la investigación. Conoce también qué otras iniciativas buscan preservar la agrobiodiversidad del país y sigue explorando cómo el cambio climático está transformando la seguridad alimentaria en el Perú.

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