Petroperú: 169 acciones, un solo resultado

Petroperú: 169 acciones, un solo resultado

07 Sep 2026
Vanessa Mohme
Vanessa Mohme

En 2024, Petroperú destinó S/15,7 millones a desarrollo local y relacionamiento comunitario. Ejecutó 169 acciones en siete sedes y desarrolló programas vinculados con las cinco principales brechas sociales del Perú. Todo eso es cierto. También lo es algo más incómodo: apenas el 17% de ese dinero estuvo realmente dirigido a cerrar alguna de esas brechas.

El problema no es cuánto hace Petroperú. Es cuánto de lo que hace transforma.

El Índice de Progreso Social identifica cinco carencias prioritarias para el Perú: sostenibilidad ambiental, derechos personales, seguridad personal, salud y bienestar, y acceso al conocimiento básico. Petroperú tiene programas relacionados con todas ellas. Pero solo S/2,67 millones —el 17%— estuvieron directamente alineados con esas prioridades. La cobertura es amplia. El impacto, mucho menos claro.

La aritmética del reparto

Parte de la explicación está en la estructura del gasto: decenas de intervenciones distribuidas entre siete sedes, muchas por debajo de S/60.000 y casi ninguna con una línea base o un indicador que permita responder una pregunta elemental: ¿qué cambió gracias a esta inversión? Es un minifundio social: parcelas tan pequeñas que ninguna puede rendir.

Talara ayuda a entenderlo. La Refinería Talara y las plantas Norte concentran el 80% de los beneficiarios declarados con apenas el 18% del presupuesto. Eso equivale a S/3,53 por persona al año. La cifra obliga a preguntarse qué estamos llamando beneficiario.

El Programa Navideño Despertando Sonrisas, por ejemplo, alcanzó a más de 36 mil niños. Pero cuando una entrega navideña y un proyecto educativo de dos años contabilizan de la misma manera a una persona beneficiada, el indicador deja de medir transformación y empieza a medir presencia.

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Dos millones, dos resultados

Petroperú destinó S/1,43 millones a recuperar doce losas deportivas y un coliseo en Talara, además de S/750 mil para un parque. En paralelo, invirtió S/1,93 millones en Jinkay, un proyecto educativo en cuatro comunidades nativas del río Morona, con tres mil horas de clase, bibliotecas, salas de cómputo y evaluaciones periódicas.

Resultado reportado: 234% de mejora en los niveles de aprendizaje. Pero hay un dato aún más revelador: Jinkay fue el único programa de toda la cartera que midió si la intervención funcionó. Y funcionó.

La pregunta, entonces, cambia. Ya no es cuánto debería gastar Petroperú, sino por qué no exige al resto de su inversión social la misma disciplina.

El dinero sigue al conflicto

El Oleoducto Norperuano concentra el 39,4% de la inversión social y 21 de los 41 conflictos reportados por la empresa. Tiene lógica. Gestionar 1.100 kilómetros de tubería que atraviesan territorios indígenas y zonas de alta conflictividad exige presencia y capacidad de respuesta.

Pero gestionar conflicto no es lo mismo que cerrar brechas. El conflicto obliga a dispersarse y reaccionar. El progreso social exige concentrarse, permanecer y medir.

Petroperú parece haber privilegiado lo primero. Jinkay demuestra que también sabe hacer lo segundo.

La empresa tiene un reporte de sostenibilidad de 154 páginas, un plan ESG con quince ejes y decenas de acciones priorizadas. Y un solo programa capaz de demostrar cuánto cambió la vida de sus beneficiarios.

Quizá el siguiente paso no sea hacer más. Quizá sea concentrar mejor y medir de verdad.


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