Confianza en el Perú: ¿qué nos toca reconstruir?

Confianza en el Perú: ¿qué nos toca reconstruir?
Confianza en el Perú: ¿qué nos toca reconstruir? Fuente: Difusión - Crédito: Difusión

La confianza en el Perú atraviesa una fractura difícil de ignorar. En la Encuesta de Confianza del INEI, correspondiente al periodo julio-diciembre de 2025, ninguna de las instituciones evaluadas superó el 50% de confianza. Incluso las mejor posicionadas, como la Iglesia católica y el Reniec, registraron 44,4% y 42,7%, respectivamente; mientras que el Congreso alcanzó apenas 3,5% y los partidos políticos, 2,6%.

Pero la confianza no se recupera pidiéndoles a las personas que vuelvan a creer. Se reconstruye cuando las instituciones demuestran que pueden escuchar, cumplir, resolver y actuar. No es solo una cuestión reputacional: es una condición para cooperar, alcanzar acuerdos y sostener decisiones de largo plazo.

El Edelman Trust Barometer 2025 mostró que el 80% de los peruanos presentaba un nivel moderado o alto de agravio, el más elevado de la región. Este sentimiento surge de la percepción de que las instituciones responden a intereses reducidos y que el sistema beneficia injustamente a unos pocos. En 2026, Edelman advierte que ese agravio está dando paso a la insularidad: una tendencia, también presente en el Perú, a desconfiar de las personas con opiniones, estilos de vida o fuentes de información distintas a las propias.

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En ese contexto, las empresas no pueden limitarse a ser observadoras. Como espacios cotidianos de encuentro entre trabajadores, proveedores, clientes, comunidades y autoridades, pueden generar experiencias concretas que fortalezcan la confianza. En efecto, Edelman señala que, en el Perú, los empleadores están especialmente bien posicionados para tender puentes. Sin embargo, asumir ese papel no significa reemplazar al Estado ni intervenir en todos los problemas sociales.

Su primera responsabilidad, desde la sostenibilidad, es actuar como instituciones confiables: cumplir compromisos, mitigar y gestionar sus impactos, tratar con justicia a trabajadores y proveedores, actuar con integridad y transparentar sus decisiones. La confianza empresarial no es consecuencia únicamente de la comunicación, sino la valoración que otros construyen a partir de la experiencia acumulada con una organización.

Las empresas tampoco deberían buscar generar confianza solo desde su propia esfera, partiendo del programa que desean implementar o de la solución que ya conocen. Una iniciativa puede estar bien ejecutada y, aun así, contribuir poco a las brechas reales del entorno. Antes de decidir qué entregar, es necesario comprender las necesidades, capacidades y aspiraciones de los territorios para determinar dónde tienen una capacidad real de contribuir. No se trata de aportar en todo, sino de hacerlo con mayor criterio y pertinencia.

La confianza se reconstruirá cuando ciudadanía y empresas asumamos un rol más activo en la vida pública y fortalezcamos prácticas de sostenibilidad, transparencia y colaboración orientadas al bien común. No volverá con una nueva promesa, sino cuando nuestras instituciones demuestren, con decisiones y resultados, que pueden contribuir al progreso compartido.