Cuando la tierra tiembla, la solidaridad permanece

Cuando la tierra tiembla, la solidaridad permanece
Cuando la tierra tiembla, la solidaridad permanece Fuente: Internet - Crédito: Internet

El pasado 24 de junio del 2026, Venezuela fue sacudida por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, registrados con apenas segundos de diferencia. La tragedia dejó miles de víctimas, heridos y familias damnificadas, además de una enorme destrucción en ciudades como Caracas y La Guaira. Mi familia solo ha tenido que lamentar pérdidas materiales, por lo cual me siento extremadamente afortunado, pero con una profunda pena y solidaridad hacia mis compatriotas que no tuvieron la misma suerte. 

Como venezolano, que se siente un peruano más tras 10 años de una maravillosa vida en el Perú, he visto con profunda tristeza las imágenes de edificios colapsados, familias que buscan a sus seres queridos y comunidades enteras que enfrentan nuevamente la incertidumbre. Pero también vi algo que me recordó por qué siempre estaré agradecido con el país que me acogió: la solidaridad del pueblo peruano.

Desde las primeras horas posteriores al desastre, el Gobierno del Perú expresó oficialmente su apoyo a Venezuela, activó mecanismos de asistencia consular y ofreció ayuda humanitaria a los damnificados. Posteriormente, el Estado peruano, a través de la FAP, autorizó el envío de 14 toneladas de ayuda humanitaria, compuestas por alimentos, carpas, frazadas y artículos básicos de primera necesidad para las familias afectadas. 

A ello se sumaron organizaciones de la sociedad civil y colectivos de venezolanos residentes en Perú, que habilitaron centros de acopio para reunir alimentos, medicinas y otros insumos destinados a los damnificados. En momentos como estos, la nacionalidad pasa a un segundo plano y resalta lo más importante: la condición humana

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Aunque el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres se conmemora cada 13 de octubre, los acontecimientos recientes nos recuerdan que la prevención no puede esperar a una fecha del calendario. Los desastres naturales no avisan.

Perú y Venezuela comparten una realidad geológica compleja. Ambos se encuentran en zonas de alta actividad sísmica y, por lo tanto, la pregunta relevante no es si ocurrirá otro terremoto, sino qué tan preparados estaremos cuando ocurra.

La experiencia internacional demuestra que los terremotos no matan por sí solos. Lo que provoca la mayoría de las víctimas son edificaciones vulnerables, infraestructura deficiente, ausencia de planificación y desconocimiento sobre cómo actuar durante una emergencia.

La primera medida de prevención comienza antes del sismo

Cuando se habla de preparación, muchas personas piensan inmediatamente en una mochila de emergencia. Sin embargo, la medida más importante es mucho menos visible: asegurarse de que el lugar donde vivimos, trabajamos o estudiamos cumpla con estándares mínimos de seguridad estructural.

No soy un experto en la materia, pero, si hacemos una búsqueda rápida en la web, encontraremos que las edificaciones en el Perú deben diseñarse y construirse bajo el Reglamento Nacional de Edificaciones, actualizado recientemente por el Ministerio de Vivienda. Esta norma establece criterios obligatorios sobre zonificación sísmica, comportamiento estructural, características del suelo, diseño de cimentaciones, resistencia de materiales y requisitos para proteger la vida humana frente a movimientos telúricos. 

Tal vez sea mucho pedir, pero no por eso debemos dejar de insistir en lo que debemos hacer antes, durante y después de un sismo. Aquí va:

Sobre el lugar donde vives, trabajas y estudias, pregúntate:

¿Mi vivienda cuenta con licencia de construcción? ¿Fue diseñada por profesionales calificados? ¿Existen columnas, vigas y muros estructurales adecuados? ¿Ha sido modificada sin supervisión técnica? ¿La edificación presenta rajaduras o signos visibles de deterioro?

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¿Qué hacer antes de un terremoto?

Las autoridades de gestión del riesgo recomiendan que cada familia identifique zonas seguras dentro de la vivienda, defina rutas de evacuación, realice simulacros periódicos, mantenga asegurados muebles, estanterías y objetos pesados, disponga de una mochila de emergencia con agua, alimentos no perecibles, linterna, radio, baterías, medicamentos y documentos importantes, y tenga a mano los contactos de emergencia de familiares y autoridades.

¿Qué hacer durante un terremoto?

Durante un movimiento sísmico: mantén la calma; no utilices ascensores; aléjate de ventanas, vidrios y objetos que puedan caer; ubícate en zonas previamente identificadas como seguras; si te encuentras en la vía pública, permanece alejado de postes, muros y fachadas; y, si conduces, detén tu vehículo en un lugar seguro.

¿Qué hacer después?

Una vez concluido el movimiento: evacúa de forma ordenada si las autoridades lo indican; estate atento a posibles réplicas; revisa daños estructurales visibles; evita ingresar a edificaciones comprometidas; infórmate únicamente a través de fuentes oficiales; y brinda apoyo, en la medida de lo posible, a personas vulnerables y adultas mayores.

La resiliencia no consiste únicamente en reconstruir edificios. Consiste en reconstruir comunidades, fortalecer instituciones y aprender colectivamente de cada tragedia.

Perú ha enfrentado terremotos devastadores, inundaciones, huaicos y fenómenos climáticos extremos. Venezuela también conoce el impacto de los desastres naturales. Ambos países han aprendido que la preparación salva vidas, que la prevención cuesta menos que la reconstrucción y que la solidaridad es uno de los recursos más valiosos durante una emergencia.

Como venezolano, agradezco profundamente las muestras de apoyo recibidas desde Perú durante estos días difíciles. Como ciudadano de una región expuesta a amenazas naturales permanentes, creo que la mejor manera de honrar a quienes han sufrido esta tragedia es transformar este dolor en aprendizaje.