El cierre de una mina empieza mucho antes de que termine
El cierre de una mina no empieza cuando termina la producción. Se planifica con años de anticipación para asegurar que el área intervenida quede en condiciones adecuadas y que los riesgos para las personas y el ambiente sean gestionados correctamente. En el Perú, esta visión está incorporada en la regulación de cierre de minas y se materializa, entre otros mecanismos, mediante medidas de cierre y rehabilitación progresiva.
Pero un cierre responsable puede mirar más allá de la recuperación física y ambiental. Durante décadas, una operación minera puede formar parte importante de la dinámica de su área de influencia, generando empleo, proveedores, infraestructura y nuevas capacidades. Cuando la mina cierra, el desafío es que parte de esos beneficios pueda permanecer.
Esto plantea una pregunta: si técnicamente planificamos el cierre desde años antes, ¿por qué no hacer lo mismo con la transición social y económica del territorio?
Aquí el Índice de Progreso Social (IPS) puede aportar una mirada diferente. El IPS evalúa el bienestar de las personas a partir de tres dimensiones: Necesidades Humanas Básicas, Fundamentos del Bienestar y Oportunidades. Incorporar estos indicadores en la planificación de largo plazo permitiría identificar qué brechas existen en las zonas de influencia y orientar iniciativas que puedan mantenerse más allá de la vida de la mina.
Por ejemplo, un cierre que considere no solo la rehabilitación ambiental, sino también la continuidad de infraestructura útil, el fortalecimiento de capacidades locales, la generación de nuevas oportunidades económicas o el desarrollo de actividades independientes de la minería puede contribuir a condiciones relacionadas con el progreso social del territorio. El IPS podría servir, además, como referencia para observar si esas condiciones mejoran o retroceden conforme se aproxima el cierre.
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En el Perú ya podemos encontrar ejemplos de una planificación del cierre que empieza mientras la mina continúa operando. En Cerro Corona, Cajamarca, Gold Fields viene reportando al Ministerio de Energía y Minas actividades de rehabilitación progresiva y el seguimiento de su Plan de Cierre de Minas. Este enfoque resulta relevante porque refuerza una idea fundamental: el cierre no tiene por qué concentrarse al final de la vida de la mina, sino que puede avanzar de manera progresiva durante la operación. En paralelo, el debate técnico peruano viene evolucionando hacia una visión más integral del cierre, incorporando conceptos como sostenibilidad, economía circular y legado positivo para las comunidades y el territorio.
A nivel internacional, un ejemplo más ambicioso del potencial de esta visión es el Eden Project, en Cornwall, Reino Unido. Una antigua explotación de caolín fue transformada en un espacio dedicado a naturaleza, educación y turismo. Desde 2001, el proyecto reporta más de 25 millones de visitantes, un impacto económico acumulado superior a £6.8 mil millones y un promedio de 700 empleos sostenidos durante sus 25 años de funcionamiento. Su desarrollo también consideró empleo local, abastecimiento de proveedores de la zona y apoyo a negocios locales. Su experiencia demuestra que un territorio vinculado históricamente a una actividad extractiva puede encontrar usos y oportunidades diferentes después de ella.
No todas las minas pueden convertirse en un Eden Project, ni esa debería ser necesariamente la aspiración. La lección es más sencilla: un buen cierre puede ser una oportunidad para pensar qué queremos que permanezca después de la mina.
Por ello, integrar la mirada del IPS desde etapas tempranas podría complementar la planificación del cierre: no solo preguntarnos cómo queremos que quede la mina, sino también qué tan preparado queremos que quede el territorio para continuar progresando sin ella.
Una mina tiene una vida definida. Su contribución al progreso social del territorio puede trascenderla.






