Riesgo de desborde en Perú: 58 lagunas glaciares en alerta
El INAIGEM identificó 528 lagunas con riesgo de desborde en ocho regiones. De ellas, 58 presentan riesgo muy alto y podrían generar aluviones que afecten a poblaciones cercanas.
El Perú enfrenta un creciente desafío asociado al retroceso de los glaciares y la expansión de los espejos de agua de origen glaciar. Según el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), en el país existen 528 lagunas con riesgo de desborde, de las cuales 58 fueron clasificadas en la categoría de riesgo muy alto.
La evaluación nacional comprende ocho departamentos: Áncash, Cusco, Lima, Puno, Junín, Huánuco, Pasco y Arequipa. La información fue obtenida a partir del Inventario Nacional de Glaciares y Lagunas de Origen Glaciar, registros históricos de desbordes, imágenes satelitales y otras fuentes.
La clasificación considera tanto la posibilidad de que ocurra un desborde como la exposición de las poblaciones y territorios ubicados aguas abajo. Por ello, el nivel de riesgo no depende únicamente del tamaño de una laguna, sino también de las características de su entorno y de las consecuencias que tendría una eventual liberación súbita de agua.
Entre las zonas que concentran mayor atención figuran Áncash y Cusco, regiones donde existe una importante presencia de glaciares y lagunas de origen glaciar.
¿Qué lagunas presentan mayor riesgo de desborde en Perú?
Las lagunas glaciares se forman como consecuencia del retroceso de los glaciares y pueden quedar contenidas por depósitos conocidos como morrenas. Estos diques naturales están compuestos por materiales que pueden ser poco consolidados y, en determinadas circunstancias, perder estabilidad.
Una caída de hielo o roca desde una montaña puede impactar sobre el cuerpo de agua, generar un fuerte oleaje y provocar el desborde de la laguna. También pueden actuar como desencadenantes los sismos, lluvias intensas o procesos de inestabilidad en las laderas.
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El agua liberada puede desplazarse rápidamente por quebradas y cauces, arrastrando sedimentos, rocas, hielo y otros materiales. El resultado puede ser un aluvión, fenómeno capaz de ocasionar daños severos en viviendas, infraestructura, vías de comunicación, actividades productivas y ecosistemas.
El INAIGEM advierte que los efectos del cambio climático están acelerando el retroceso glaciar y favoreciendo la formación de nuevas lagunas, lo que incrementa la necesidad de evaluar estos cuerpos de agua y sus condiciones de seguridad.
- Quinientas veintiocho lagunas presentan algún nivel de riesgo de desborde.
- Cincuenta y ocho fueron clasificadas con riesgo muy alto.
- Están distribuidas en ocho departamentos.
- Un desborde puede desencadenar aluviones.
- El cambio climático aumenta la vulnerabilidad de los sistemas glaciares.
Palcacocha y otras lagunas concentran preocupación
Entre las lagunas que requieren especial atención se encuentra Palcacocha, en Áncash. Su ubicación aguas arriba de Huaraz convierte un eventual desborde en una amenaza particularmente relevante debido a la cantidad de población asentada en zonas potencialmente expuestas.
La información difundida por INAIGEM también identifica a Lasuntay, en Junín, como otra laguna cuyo eventual desborde podría afectar a una ciudad densamente poblada. La evaluación nacional busca precisamente establecer cuáles son los puntos críticos para que las autoridades puedan priorizar medidas de prevención y reducción del riesgo.
En el caso de Upiscocha, en Cusco, el INAIGEM ha implementado un sistema de seguimiento en tiempo real. También se monitorean Palcacocha y Gangrajanca, en Huánuco, mediante sensores que permiten recibir información sobre las condiciones de estos cuerpos de agua.
El monitoreo constituye una herramienta esencial porque permite detectar cambios y proporcionar información a las autoridades responsables de activar medidas preventivas ante una eventual emergencia.
Monitoreo y prevención buscan reducir el riesgo
El INAIGEM ha señalado que la información generada mediante sus evaluaciones es compartida con gobiernos regionales y locales, con el propósito de que puedan implementar medidas de reducción del riesgo.
La evaluación nacional recomienda realizar estudios más detallados de peligro, vulnerabilidad y riesgo en las lagunas identificadas como prioritarias. También plantea establecer niveles de agua seguros y mantenerlos bajo vigilancia en los cuerpos de agua considerados de mayor peligro.
Estas acciones deben complementarse con infraestructura de seguridad, sistemas de alerta temprana y preparación de las poblaciones ubicadas en las zonas de influencia. El INAIGEM recomienda además que las comunidades conozcan sus rutas de evacuación y participen en simulacros para responder oportunamente ante una emergencia.
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El objetivo no es esperar a que ocurra un desborde, sino anticiparse a sus posibles consecuencias mediante información científica y planificación territorial.
Cambio climático aumenta el desafío para los Andes
El retroceso de los glaciares constituye uno de los principales factores que explican la transformación de los ecosistemas de montaña. El INAIGEM ha advertido que el cambio climático acelera la pérdida de masa glaciar y la formación de lagunas, modificando las condiciones de estabilidad de las montañas.
La situación adquiere especial importancia en un país como Perú, que alberga una extensa cadena de glaciares tropicales. El inventario nacional registra 2.084 glaciares y 8.466 lagunas de origen glaciar, cifras que evidencian la magnitud del sistema que requiere seguimiento permanente.
El riesgo, además, no se limita a los desbordes de lagunas. La inestabilidad de masas de hielo y roca en las montañas puede desencadenar procesos capaces de generar aluviones incluso sin que ocurra un terremoto. Por ello, el monitoreo de glaciares, lagunas y laderas debe abordarse como un sistema integrado de gestión del riesgo de desastres.
Para las autoridades, el reto consiste ahora en convertir la información científica en acciones concretas: fortalecer el monitoreo, actualizar los mapas de peligro, mejorar los sistemas de alerta y evitar que nuevas poblaciones se establezcan en áreas expuestas.
La existencia de 58 lagunas con riesgo muy alto no significa que un desborde sea inminente en todas ellas, pero sí constituye una señal para reforzar la prevención. En los Andes peruanos, conocer dónde están los puntos críticos y cómo podrían comportarse permite reducir la vulnerabilidad y proteger vidas frente a futuros eventos de origen glaciar.






