Estado, comunidades y cooperación trazan ruta contra la deforestación en los 15 años de Envol Vert
Participantes en importante evento señalan que el bosque no se salva solo.

Proteger la Amazonía requiere mucho más que sembrar árboles; exige transformar a quienes habitan el territorio en los principales guardianes del bosque. Esta fue la premisa central del conversatorio Iniciativas de conservación de bosques: éxitos y desafíos en la Amazonía peruana, un espacio de diálogo organizado por la ONG francesa Envol Vert en el Teatro de la Alianza Francesa de Lima, con motivo de su decimoquinto aniversario.
Fundada en el año 2011, Envol Vert celebró este 2 de junio de 2026 una trayectoria marcada por el desarrollo de 16 proyectos de campo en cuatro países y la protección de 57.251 hectáreas de bosque. Sin embargo, el evento dejó de lado las cifras frías para dar voz a una mesa diversa compuesta por líderes indígenas, funcionarios estatales y representantes de la cooperación internacional.
El verdadero motor de la deforestación y la receta para frenarla
Durante su intervención, Mickael Lyamouri, actual Responsable País de Envol Vert en Perú, desmitificó una de las creencias más comunes sobre la Amazonía. Lyamouri aclaró que, contrario a lo que suele mostrar la prensa, la principal causa de degradación en el país no es la minería ilegal, sino la extensión de la frontera agrícola, impulsada por poblaciones rurales que migran desde los Andes, buscan mejorar su calidad de vida y abren nuevos espacios de cultivo. Frente a esta realidad, Lyamouri propuso una receta basada en tres verbos clave: conocer, amar y proteger.
Este enfoque se materializa a través de acciones concretas que promueven la ciencia participativa, como el avistamiento de aves y el uso de cámaras trampa, para que las comunidades conozcan los beneficios de su biodiversidad. Asimismo, se impulsan alternativas económicas mediante 16 cadenas de valor y más de 30 productos forestales no maderables, como el guáimaro, el nogal negro y la miel de abejas nativas. Finalmente, se busca que los consumidores urbanos entiendan su impacto a través de herramientas como la huella forestal, la cual evidencia cómo el consumo de productos básicos, como el pollo alimentado con soya, genera deforestación a nivel global.
La primera línea de defensa: los pueblos indígenas
La voz del territorio estuvo representada por Marcos Rojas, presidente de la Federación de Comunidades Nativas del Distrito de Iparía (FECONADIP) en Ucayali. Rojas, cuyo pueblo resguarda 274.000 hectáreas, fue enfático al señalar que los indígenas son los verdaderos guardianes del monte, al cual consideran su hospital y su farmacia. El líder indígena expuso las graves amenazas que enfrentan, promovidas por personas foráneas, y señaló las constantes invasiones de tierras en sus territorios, la preocupante presencia del narcotráfico con sembríos ilegales de hoja de coca y la tala ilegal que depreda los recursos de las comunidades.
Rojas destacó que la alianza con ONG como Envol Vert y otras fundaciones ha permitido capacitar técnicamente a comités de vigilancia comunales. Mujeres y jóvenes han aprendido a utilizar drones, GPS y celulares para patrullar sus tierras, aunque advirtió que la FECONADIP agrupa a 42 comunidades y actualmente solo reciben este apoyo técnico en unas pocas, por lo que urgió a sumar más aliados.
El Estado y el desafío de la integración
Por el lado estatal, representantes del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) reconocieron que el modelo de conservación ha evolucionado. Carlos Sánchez, coordinador del programa Aliados por la Conservación, admitió que la institución pasó de concebir las áreas protegidas como espacios aislados a entender que las comunidades dependen de estos ecosistemas para subsistir.
En la misma línea, Darío Flores, jefe del Bosque de Protección Pui Pui, sinceró las profundas limitaciones presupuestales que enfrenta el Estado para gestionar las áreas naturales. Flores resaltó que las alianzas son vitales y citó como ejemplo a la comunidad de Nueva Florida, que ha logrado transitar hacia la conservación, el turismo y los sistemas agroforestales gracias a la sinergia entre los comuneros, el Estado y Envol Vert.
La juventud y el efecto hormiga
El conversatorio cerró con una reflexión sobre el relevo generacional a cargo de Capucine Vaseux, coordinadora en Perú del Programa V-Amazonía de France Volontaires. Vaseux advirtió que América Latina es la región del mundo que envejece más rápido, por lo que es vital dar oportunidades a la juventud para que se involucre en la acción climática.
La representante utilizó una poderosa metáfora para describir la labor de los voluntarios y las comunidades en la selva, e indicó que uno por uno son muy chiquitos, pero todos juntos tienen un impacto enorme, al igual que las hormigas en la Amazonía. Al cumplir 15 años, el mensaje de Envol Vert y sus aliados es claro: no basta con observar la crisis climática; es necesario involucrarse, tejer redes y ofrecer alternativas reales a quienes habitan y protegen los pulmones del planeta.