Fauna silvestre: poblaciones de vertebrados caen 73% desde 1970
El Informe Planeta Vivo 2026 de WWF advierte que América Latina y el Caribe registran el mayor descenso mundial, con un 95%. La pérdida de hábitats y la presión humana amenazan la biodiversidad, pero experiencias de conservación demuestran que es posible recuperar especies.
El tamaño promedio de las poblaciones de vertebrados silvestres monitoreadas en el mundo disminuyó 73% desde 1970 hasta 2022, según el Informe Planeta Vivo 2026, presentado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). El estudio advierte sobre la acelerada pérdida de biodiversidad y sus consecuencias para los ecosistemas de los que depende la humanidad.
La investigación se basa en el Índice Planeta Vivo (LPI), elaborado por la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL), que analiza 35.803 tendencias poblacionales correspondientes a 5.790 especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces.
El resultado constituye una señal de alarma para la conservación de la naturaleza. Sin embargo, es importante precisar que el descenso del 73% no significa que haya desaparecido el 73% de todos los animales silvestres del planeta. El indicador mide el cambio promedio en el tamaño de las poblaciones monitoreadas durante el periodo estudiado.
América Latina registra la mayor pérdida de fauna silvestre
América Latina y el Caribe presentan la caída más pronunciada del mundo, con un descenso promedio del 95% en el tamaño de las poblaciones de vertebrados monitoreadas desde 1970. La región supera ampliamente a África, que registra una disminución del 80%, y Asia-Pacífico, con 49%.
En comparación, América del Norte presenta una caída del 28%, mientras que Europa y Asia Central registran un 23%. Estas diferencias deben interpretarse considerando que en algunas regiones los impactos de gran escala sobre la naturaleza comenzaron antes de 1970, año establecido como referencia para el índice.
La situación latinoamericana resulta especialmente preocupante por la riqueza biológica de sus ecosistemas y la importancia de la Amazonía para la regulación del clima y el almacenamiento de carbono. La degradación de este bioma podría desencadenar cambios ecológicos de alcance regional y mundial.
El informe advierte que la pérdida de naturaleza no representa únicamente una crisis ambiental: también compromete la disponibilidad de agua, la producción de alimentos y la estabilidad económica de millones de personas.
Ecosistemas de agua dulce concentran el mayor deterioro
Los ecosistemas de agua dulce presentan la mayor disminución de las poblaciones de fauna monitoreadas, con una caída promedio del 85%. Les siguen los ecosistemas terrestres, con 69%, y los marinos, con 59%, según los resultados globales del informe.
Estos ambientes son esenciales para la supervivencia de numerosas especies y el bienestar humano. Ríos, lagos, humedales y otros sistemas acuáticos proporcionan agua, alimentos y hábitats indispensables para la biodiversidad.
La degradación de estos espacios está relacionada con la contaminación, la alteración de los cursos de agua, la destrucción de hábitats y la extracción excesiva de recursos. En los ecosistemas terrestres, la transformación de bosques y otros ambientes naturales también reduce los espacios disponibles para la alimentación y reproducción de la fauna.
En los océanos, la presión pesquera y el deterioro de los hábitats marinos representan desafíos adicionales. La combinación de estas amenazas debilita la capacidad de los ecosistemas para mantener sus funciones y recuperarse frente a nuevas perturbaciones.
¿Qué actividades humanas impulsan la pérdida de biodiversidad?
El Informe Planeta Vivo 2026 identifica los sistemas de producción de alimentos, energía y financiamiento entre los ámbitos que deben transformarse para frenar la pérdida de naturaleza. La expansión de actividades productivas sobre hábitats naturales, la sobreexplotación de especies, la contaminación y el cambio climático figuran entre las principales presiones sobre la biodiversidad.
La agricultura y la ganadería pueden contribuir a la pérdida de ecosistemas cuando implican deforestación o degradación de los suelos. A ello se suman las actividades extractivas, el aprovechamiento insostenible de recursos naturales y las alteraciones ambientales asociadas al desarrollo de infraestructura.
El deterioro de la naturaleza también tiene repercusiones económicas. Según WWF, más de la mitad del producto bruto interno mundial depende de manera moderada o alta de la naturaleza. Por ello, la degradación de los ecosistemas puede afectar las cadenas de suministro, la seguridad alimentaria y la disponibilidad de recursos esenciales.
Frente a este panorama, el organismo plantea transformar los sistemas económicos para que las inversiones y las actividades productivas contribuyan a conservar y restaurar los ecosistemas, en lugar de acelerar su deterioro.
Recuperación de especies demuestra que la conservación funciona
Pese a la tendencia global negativa, el informe identifica avances que demuestran que la recuperación de la fauna silvestre es posible cuando existen medidas sostenidas de protección.
De acuerdo con WWF, el 50% de las poblaciones incluidas en el índice se mantienen estables o aumentan: un 7% permanece estable y un 43% muestra una tendencia creciente. Sin embargo, la magnitud de las disminuciones supera los avances registrados en otras poblaciones, lo que explica el resultado global negativo.
Uno de los casos destacados es el del tigre silvestre, cuya población mundial pasó de aproximadamente 3.200 ejemplares en 2010 a unos 5.700 en 2025. Este avance está vinculado con iniciativas de conservación, protección de hábitats, vigilancia contra el tráfico ilegal y cooperación entre gobiernos y organizaciones.
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También sobresale la recuperación de la tortuga verde, que en 2025 pasó a la categoría de Preocupación Menor en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), después de décadas de esfuerzos internacionales. Las poblaciones de atún rojo del Atlántico y del Pacífico también ofrecen ejemplos de recuperación asociados a medidas de gestión pesquera.
Estos resultados muestran que las políticas de conservación pueden generar cambios positivos, aunque sus efectos necesitan mantenerse en el tiempo.
WWF pide transformar los sistemas económicos para proteger la naturaleza
El informe concluye que detener la pérdida de biodiversidad requiere acciones que vayan más allá de proteger especies individuales. La conservación debe acompañarse de cambios en la producción de alimentos, el abastecimiento energético y las decisiones financieras que influyen sobre los ecosistemas.
En Perú, la protección de la Amazonía y sus recursos naturales resulta especialmente relevante por su papel en la biodiversidad y la regulación climática. La deforestación, la degradación de los hábitats y las presiones sobre los recursos pueden comprometer tanto el patrimonio natural como los medios de vida de las comunidades.
WWF sostiene que las experiencias exitosas de recuperación ofrecen motivos para actuar, pero advierte que estos avances no serán suficientes si continúan las causas estructurales del deterioro ambiental. El desafío consiste en ampliar las iniciativas eficaces y asegurar recursos para su continuidad.
La advertencia central del Informe Planeta Vivo 2026 es que la pérdida de naturaleza puede revertirse, pero exige decisiones oportunas, cooperación internacional y compromisos duraderos. Proteger los ecosistemas significa también preservar las condiciones que sostienen la alimentación, el agua, la economía y el bienestar de las generaciones futuras.
La advertencia del Informe Planeta Vivo 2026 muestra que la pérdida de naturaleza todavía puede revertirse. Revisa más informes y reportajes sobre biodiversidad y fauna silvestre para entender qué medidas pueden acelerar la recuperación de los ecosistemas.






