Dime dónde naciste y te diré cómo vives

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Dime dónde naciste y te diré cómo vives
Dime dónde naciste y te diré cómo vives Fuente: Difusión - Crédito: Difusión

En el Perú, el lugar donde nacemos no debería definir nuestro futuro. Sin embargo, el Índice de Progreso Social (IPS) muestra que, en la práctica, sigue siendo uno de los factores más determinantes de cómo vivimos y qué oportunidades tenemos. No se trata de estereotipos ni de destinos inevitables, sino de realidades estructurales que aún no se han corregido.

El IPS evalúa el desarrollo a partir de lo que realmente importa a las personas: cubrir sus necesidades básicas, vivir con bienestar y acceder a oportunidades reales para crecer. Desde esta mirada, el Perú presenta fuertes desigualdades en el acceso a agua potable, educación de calidad, servicios de salud, seguridad y ejercicio efectivo de derechos.

Mientras algunas zonas urbanas concentran mejores resultados en educación, conectividad y servicios, otras presentan rezagos importantes en necesidades humanas básicas. No por quiénes son sus ciudadanos, sino por desigualdades estructurales en la provisión de servicios y oportunidades a lo largo del territorio nacional. En el Perú, el progreso sigue teniendo ubicación geográfica.

Estas brechas también se expresan en el bienestar cotidiano. La educación no garantiza movilidad social, el empleo informal sigue siendo la norma para millones de peruanos y el acceso a salud de calidad depende muchas veces del código postal. Según mediciones del IPS, el Perú muestra debilidades estructurales en dimensiones clave del bienestar, aun cuando el ingreso promedio haya crecido con el tiempo.

Pero quizá el dato más revelador del índice tiene que ver con las oportunidades. La inclusión, la tolerancia y el acceso equitativo a oportunidades siguen siendo tareas pendientes. Para muchos ciudadanos, el esfuerzo individual se enfrenta a un sistema que no ofrece las mismas reglas para todos. Si el origen importa más que el mérito, el progreso no es justo.

Este diagnóstico no busca señalar culpables, sino replantear prioridades. Entendamos que el desarrollo no se mide solo en cifras nacionales, sino en la experiencia diaria de cada ciudadano, sin importar dónde nació.

Si el Perú quiere avanzar, la pregunta no es cuánto crece, sino cómo y para quién. Porque el verdadero progreso comienza cuando el lugar donde naces deja de condicionar las oportunidades con las que vives.