El punto de partida
Toda empresa que invierte en proyectos sociales se hace la misma pregunta: ¿esto está sirviendo?
Normalmente se responde con cuánto se invirtió y a cuántas personas se llegó. Son datos útiles, pero no responden lo esencial: si esa inversión está resolviendo lo que ese territorio realmente necesita.
Nosotros medimos eso.
Contra qué medimos
Usamos el Índice de Progreso Social, un marco que mide el bienestar de forma directa: si la gente tiene agua limpia, si los niños aprenden a leer, si una comunidad es segura, si el aire es respirable. Doce componentes, cada uno con un puntaje del 0 al 100.
Tiene una particularidad que lo hace distinto a todo lo demás: no mide dinero. No incluye empleo, ni ingresos, ni crecimiento económico. Solo mide si la vida de las personas es mejor.
Y como puntúa territorio por territorio, muestra algo que ningún promedio nacional revela: dónde está bien una región y dónde está mal. A esos puntos bajos los llamamos brechas. Son la agenda pendiente de ese lugar.
Cómo evaluamos, en tres pasos
1. Ubicamos cada proyecto. Tomamos la cartera de proyectos sociales de la empresa y ubicamos cada uno dentro de los doce componentes. Un programa de salud escolar va a salud; uno de reforestación, a medio ambiente. Lo que no encaja en ninguno, como capacitación laboral o apoyo productivo, queda fuera del marco. No es un castigo: es que el índice no mide eso.
2. Lo cruzamos con el territorio. Un proyecto de agua vale distinto en una región donde el agua está resuelta que en una donde falta. Aquí es donde se ve si la inversión está apuntando a una brecha real o a algo que ese territorio ya superó.
3. Le ponemos nota. Cada proyecto alineado recibe un puntaje del 0 al 100, con cuatro criterios:
| Criterio | Qué pregunta | Peso |
|---|---|---|
| Pertinencia territorial | ¿Atiende una brecha real de este lugar? | 40% |
| Materialidad | ¿Tiene el tamaño para mover la aguja? | 25% |
| Evidencia | ¿Se puede demostrar que funcionó? | 20% |
| Continuidad | ¿Va a seguir el próximo año? | 15% |
Todo con información pública
No pedimos información privada. Trabajamos con lo que la empresa ya publicó: su reporte de sostenibilidad o su memoria anual. Cualquiera puede tomar los mismos documentos y llegar al mismo resultado.
La certificación
De la evaluación salen dos números: el índice de alineación, el promedio de los proyectos que sí apuntan a una brecha, y la cobertura, que indica cuántas de las brechas prioritarias del territorio están siendo atendidas.
Para certificar hay que pasar las dos puertas: índice de 60 o más, y al menos la mitad de las brechas cubiertas. Cumplidas ambas, hay tres niveles:
- 1. Construcción
- 2. Desarrollo
- 3. Consolidación
La certificación vale un año. Después se vuelve a medir, porque los territorios cambian y las carteras también.
Esto no es un ISO
Un ISO certifica que una empresa hace bien un proceso interno: la misma lista de verificación en cualquier parte del mundo. Nosotros preguntamos otra cosa.
Un ISO demuestra que hiciste las cosas bien. Esta certificación demuestra que hiciste las cosas correctas, donde más se necesitaban.
Y si no certifica, ¿qué?
Pasa, y no es una mala noticia. Casi siempre el problema no es que la empresa haga poco, sino que lo que hace no está midiendo sus resultados o no llega a la escala necesaria. El diagnóstico muestra exactamente dónde están esos puntos y qué falta para cerrarlos.
Por eso el informe no termina en un veredicto: termina en una ruta.